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Titicaca
Campesinos al pastorear sus ovejas a las orillas del lago Titicaca.

Dialectología aymara

escrito por Vlastimil Rataj
La familia aymara tiene dos o tres miembros: el aymara mismo (con dos dialectos o lenguas), hablado en las proximidades del lago Titicaca, y el jaqaru y el kawki (pudiendo ser el último un dialecto del jaqaru), que se hablan en el departamento de Lima. La familia aymara es denominada también aru o jaqi. Como el quechua y el aymara tienen muchos rasgos similares, es posible que sean de origen común, de modo que se podría hablar de una sola familia lingüística: quechumara.
El jaqaru (jácaro, haqearu) es hablado actualmente por cerca de un millar de personas en la sierra central de la provincia de Yauyos (SE de Lima), en los poblados de Tupe, Aiza y Colca. El kawki (cauqui), que puede ser un dialecto del jaqaru; se habla (si no está extinguido ya) en el pueblo de Cachuy de la misma provincia. Es posible que se haya hablado el jaqaru también el la provincia vecina de Cañete. El nombre jaqaru proviene del aymara haqe aru, lo que quiere decir lo mismo que runasimi, o sea “lengua humana o del hombre o del pueblo”.
El número de hablantes difiere entre los investigadores. En Ethnologue (Ethnologue: Languages of the World) aparece la cifra de 725 hablantes del jaqaru (y 11 del kawki, población étnica de 2000 personas, en 2000); en Aymara Uta se habla de unas 600 personas censadas en 1993; Dante Oliva León (Jacaru y Cauqui al Borde del Silencio.) menciona unos 1500 hablantes del jaqaru y 3 del kawki; y Jorge Pedraza Arpasi (Introducción al Lenguaje, Historia, Cultura y Religión del Pueblo Aymara.) escribe que “el jaqaru … se debate en la lastimante agonía de ser hablado por unas pocas millares de personas tupinas, casi todos ellos viviendo en la ciudad de Lima”.
El parentesco entre el jaqaru y el aymara altiplánico fue sospechado desde finales del siglo XIX y durante los años 60 del siglo pasado la teoría fue confirmada por los trabajos lingüísticos de Martha J. Hardman. La investigadora incluye las tres lenguas en una familia jaqi, la cual Alfredo Torrero llama aru y Rodolfo Cerrón–Palomino recientemente propone el nombre aymara para la familia.
El aymara es dividido en Ethnologue (Ethnologue: Languages of the World) en dos dialectos (o lenguas): el aymara central, que se habla en los departamentos peruanos de Tacna y Moquegua por un número desconocido de personas y que tiene diferencias notables respecto al otro dialecto en el léxico y algunas formas verbales; y el aymara sureño, hablado al norte y al sur del lago Titicaca en el Perú y en Bolivia, en el altiplano boliviano, bajando desde el departamento de La Paz en el norte por la mayoría del departamento de Oruro y parte noroccidental del departamento de Potosí, hasta la región chilena de Antofagasta.
Cárdenas y Albó (Cárdenas, Víctor Hugo – Albó, Javier: “El aymara”. En Pottier, Bernard (ed.): América Latina en sus lenguas indígenas. Caracas: UNESCO/Monte Ávila, 1983, p. 285) a su vez, hacen una división en cuatro dialectos. El dialecto de La Paz es de mayor prestigio, tiene una evolución más rápida y las variantes habladas en las ciudades denotan el impacto del español. El aymara en el Perú está en la periferia del país por lo que no tiene mucho prestigio, sin embargo, la densidad demográfica facilita el mantenimiento de la lealtad idiomática hacia formas arcaizantes. En los valles hacia la Costa recibe este dialecto influencias del castellano y en la zona del lago Titicaca influencias del español y del quechua. El aymara de Oruro y Norte Potosí, áreas menos pobladas, ha mantenido aquí formas más arcaizantes. Y finalmente, el dialecto de Chile, que es cercano al de Oruro y sufre notables influencias del español. Los pocos aymarahablantes argentinos pertenecerán a este dialecto. En comparación con el quechua, la fragmentación dialectal del aymara es relativamente poca y en ningún caso se llega a perder la mutua inteligibilidad.
Aparte de esta estratificación geográfica existen dentro del aymara también dos dialectos sociales, notables especialmente en la ciudad de La Paz: el q'ara (blanco o mestizo), que es también el dialecto literario, y el jaqi (aymara, indio; lit. 'persona').
El número de hablantes del aymara (igual que el de quechuahablantes) es bastante impreciso. Hay que advertir que dado el bajo prestigio social de los campesinos, éstos a veces se niegan a declarar al aymara o al quechua (u otra lengua aborigen) su lengua materna y en los censos indican el español como su primera (y única) lengua.
Según los datos de Ethnologue, hace varios años había un total de 2 227 642 aymarahablantes en todos los países: 1 785 000 en Bolivia (1985), casi medio millón en el Perú (2000) y casi un mil en Chile (1994; población étnica: 20 000 en 1983). Hay también aymaras en Argentina que vinieron en busca de trabajo. Jorge Pedraza Arpasi en su artículo indica un millón seiscientos mil personas que hablan aymara, siendo más de 1,2 millones los aymaras bolivianos (1992), casi 300 000 los del Perú (1993) y un poco menos de 50 000 en Chile (1992). Datos más detallados, según los departamentos, aparecen en las páginas de Aymara Uta (http://www.aymara.org/mapa/bolivia.php y http://www.aymara.org/mapa/peru.php), aunque sin indicar los años de los censos (sin embargo, los números totales de cada país coinciden aproximadamente con los proporcionados por Pedraza Arpasi). La población aymara era de 975 440 personas en el departamento de La Paz, 106 030 en Oruro, 55 893 en Potosí, 58 055 en Cochabamba y unos 300 000 en el Perú (20 000 en Moquegua, 40 000 en Tacna y el resto en Puno).
Son interesantes también los porcentajes que ofrecen Cárdenas y Albó (Cárdenas, Víctor Hugo – Albó, Javier: “El aymara”. En Pottier, Bernard (ed.): América Latina en sus lenguas indígenas. Caracas: UNESCO/Monte Ávila, 1983, p. 285): los hablantes del aymara formaban el 3 % de la población total peruana, pero el 40 % de los departamentos de Puno y Tacna; y el 25 % de la población boliviana, pero el 80 % de los departamentos de Oruro y La Paz, en la ciudad de La Paz había un 40 % de aymarahablantes, llegando en algunos barrios hasta a un 90 %.


Centro de Estudios Ibero-Americanos, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Carolina de Praga
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